3.º Secundaria

Prueba de velocidad lectora 1

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Fragmento de: Expedición a la Antártida, Lluís Prats, Shackleton

Sobre las siete de la tarde todos los hombres estaban en el hielo, a la deriva junto con unos cincuenta perros, dos cerdos y una gata. Se miraron unos a otros sin decir palabra y entonces vieron estupefactos que el estribor de la cubierta de la nave se rompía con tal fuerza que los bidones de gasolina salieron despedidos por los aires hacia el otro lado del Endurance.

–No pasa nada –los consoló Shackleton al ver que algunos bajaban la cabeza en señal de derrota–. A partir de ahora somos uno, viviremos juntos y, si es la voluntad de Dios, moriremos juntos.

Tres de los cuatro botes de salvamento se habían bajado la noche anterior en previsión de lo que iba a suceder. Los hombres montaron las tiendas y la cocina en mitad del hielo en silencio, cerca de los iglús de los perros, a unos cien metros del barco. Tenían mucho material que desembarcar, aunque todos sabían que entrar de nuevo en el Endurance era algo arriesgado. Aun así, algunos recibieron órdenes de hacerlo para conseguir lo que pudiera ser útil. Wild subió con el doctor MacKlin a recoger leña y maderas.

El resto, comandado por Shackleton, se apresuró a llevar todo el material a un témpano cercano por si el que ocupaban junto al Endurance se rompía. Avanzaron cargados como mulas entre los témpanos, rodeados por la oscuridad mientras unos pocos alumbraban el camino con fanales. La noche era cerrada y el viento les mordía las orejas y las manos sin piedad.

Ya de noche, Wild entró en el barco para dar un último repaso. En su interior el ruido era indescriptible, como si una gigantesca broca estuviera atornillándose contra la estructura para que no escapara. Antes de acostarse en la tienda, el segundo anotó en su diario con letra apretada y redonda:

«Nunca he experimentado tanto horror y miedo como cuando he estado en la bodega de ese barco que se rompe.»


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