Prueba de velocidad lectora 1

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Fragmento de: Heka. Un viaje mágico a Egipto, Núria Pradas

Parpadeó varias veces. Intentaba abrir los ojos, pero aquel movimiento tan insignificante le suponía un esfuerzo enorme. Tenía el cuerpo destrozado. Se dio cuenta de que estaba estirado en el suelo. Pero no era el suelo húmedo del parque.

Ahora sí que abrió los ojos. Lo veía todo borroso. Instintivamente, hizo el gesto de subirse los anteojos. Pero no los llevaba puestos. El corazón se le subió a la garganta. Sin anteojos era hombre... bueno, niño perdido. Palpó el suelo. ¡Uf, estaban allí, a su lado! Se los puso. Su madre tenía razón: eran feos, pero fuertes y no se habían roto. Eso sí, estaban completamente torcidos, el ojo derecho hacia arriba y el izquierdo hacia abajo. Tenía que girar la cabeza de una forma extraña para poder ver algo. Y lo que vio, a través de sus anteojos torcidos, lo dejó estupefacto.

Dio un salto del susto; un salto que ni él mismo se creía capaz de dar. Se quedó medio incorporado. Le costaba asimilar la información que los ojos le transmitían al cerebro. Una cara rarísima lo miraba con los ojos tan abiertos de par en par como los suyos. Un rostro que parecía tener tanto miedo de Víctor, como Víctor de él.

Las dos caras asustadas se quedaron quietas, observándose mutuamente. La tensión se palpaba en el aire.


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