Prueba de velocidad lectora 3

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Fragmento de: Dragón busca princesa, Purificación Menya

Aquella noche, David y su hermana pequeña se pelearon porque los dos querían leer el cuento del dragón.

–El libro es mío –gritaba David.

–Sí, pero yo lo cogí primero –protestaba Susi.

–Siempre me estás quitando mis cosas...

En el forcejeo, uno tiró de un lado del libro y otro, del otro, y el libro se rompió.

–¡Lo has roto, bruto, más que bruto! –gritó Susi llorando con una parte de libro en sus manos.

David trató de arrebatárselo para arreglarlo, pero Susi, llena de rabia, rasgó el resto de las páginas. David se quedó con medio libro entero en una mano y el otro medio, con las páginas hechas pedazos, en la otra. Aquél era su libro favorito.

Entonces llegó mamá.

–¡Susi ha roto mi libro del dragón! –gritó David enojado.

–No es cierto: ha sido él.

–Ha sido ella.

–Él no quería dejármelo.

–¡Basta ya! Son unos salvajes. No les voy a comprar más cuentos, si no saben tratarlos con cuidado. Los libros son joyas, ¿saben?

Mamá recogió la parte del libro de las hojas rasgadas y dijo, con pesar, que aquel libro ya no tenía remedio. Se llevó a Susi a su dormitorio y no le contó ningún cuento aquella noche. Dejó el libro roto, con el montón de papeles, para llevar a reciclar.

La mitad sin rasgar quedó en poder de David. Ya en la cama, lloró amargamente por su libro destrozado.


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